Aquí podrás encontrar artículos relacionados con la Estimulación Temprana y el desarrollo neurológico infantil. Sobre la importancia de que el desarrollo sea el adecuado y cómo podemos, a través de la Estimulación, ayudar al niño para que así sea. Cualquier déficit en el desarrollo es susceptible de acarrear desórdenes de atención, relación y comportamiento.

Una vez que surgen este tipo de problemas será necesaria una estimulación más que "temprana", de tipo terapéutico. También podrás leer sobre este tipo de estimulación en este blog. La encontrarás bajo el término de "organización neurológica".

sábado, 28 de septiembre de 2013

¿ES BUENO SENTAR AL BEBÉ ANTES DE TIEMPO?



Publicado por Marta Rueda en El Blog de Fluff

Muchos de vosotros responderéis a mi pregunta con otras dudas: "¿Desde cuándo es bueno o malo que un niño se siente? ¿Es que un niño no se puede sentar?" Cuando tenemos cerca a un bebé podemos actuar con él de muchas formas, pero la más común suele ser aquella en la que nosotros, como adultos, asumimos un rol para estar a su lado la mayor parte del tiempo y darle todo lo que necesita, ya sea para alimentarse como para ayudarle a alcanzar y a ver lo que tiene a su alrededor. Pero, ¿qué consecuencias tiene que el desarrollo psicomotor del bebé esté liderado por nosotros y no por ellos? ¿qué ocurre si sentamos al bebé antes de que su cuerpo y su percepción estén preparados para ello?

El desarrollo motor del bebé va de la mano de su desarrollo cognitivo, y los bebés van a pasar por un montón de hitos a lo largo de su primer año de vida. En este post me he querido centrar en uno de ellos: cómo los niños alcanzan la postura de sentado. Sí, habéis leído bien: "alcanzan". El desarrollo motor del bebé se rige por la libertad, por ser él o ella quien alcance las posturas de su desarrollo de forma autónoma y natural, sin que los adultos les pongamos en esas posturas.
Este hecho para algunos puede ser obvio y para otros un descubrimiento un tanto "raro". Yo soy la primera que antes de formarme en ello pensaba que los niños aprendían a sentarse, a andar y, en definitiva, a moverse porque los adultos les teníamos que enseñar a ello. Pero estaba equivocada. Tenemos la percepción culturalmente que los bebés, como nos necesitan para alimentarse y calmarse, también nos necesitan para que les enseñemos a moverse.
Debemos tener en cuenta que los adultos podemos estar cerca observando, apoyándoles, pero no interviniendo en sus movimientos, puesto que, de lo contrario, no se sentirán con la suficiente confianza para ser autónomos a nivel motor. ¡Nos necesitarán hasta para alcanzar un juguete que tienen muy cerca!
Sí, los niños pueden alcanzar objetos y moverse por el espacio a pesar de no saber andar o gatear. Antes de que alcancen estos hitos, el bebé ha tenido que estar en el suelo (no en un parque, en una cuna ni nada por el estilo), para empezar a fortalecer la musculatura de los brazos, las piernas, el cuello y el abdomen. Y esto hará posible que, poco a poco, volteen de un lado al otro para alcanzar un objeto, se arrastren por el suelo, apoyen los brazos y levanten la cabeza para mirar mucho más lejos, repten y gateen. Así, resumidamente, parece que todo es muy rápido y fácil, pero respetando sus tiempos, todo esto ocurrirá a lo largo del primer año de vida.
Y diréis, "¿y cuándo se sientan si yo le he sentado desde que salimos por la puerta del hospital?" Tenemos que diferenciar cuando un bebé se sienta con ayuda y cuando se sienta por sí mismo. Si nosotros le sentamos antes de que él adquiera solo esta postura (normalmente, alrededor de los diez meses), estamos adelantándonos a su desarrollo natural. Su espalda, su musculatura y su percepción no están preparados hasta que su cerebro lo ejecute. Si le sentamos antes de que él se siente solito, forzamos sus músculos a adquirir una postura que va después de la adquisición de otras posturas previas (como el gateo sobre las rodillas, acodarse, voltearse...), por lo que podría tener dificultades en futuros movimientos, en percibir el mundo desde otra posición que no ha ido adquiriendo poco a poco, y en depender continuamente del adulto para seguir el transcurso de los movimientos futuros. Por ejemplo, un bebé que ha sido sentado desde los cuatro o cinco meses, tenderá a tener la espalda rígida y las piernas con poca fuerza.
Diferentes estudios (Pikler, 1969) demuestran que los niños “libres” son más felices, activos y satisfechos; el desarrollo de sus movimientos es continuo, regular y más armonioso; y sus expresiones faciales transmiten una mayor alegría y ganas por aprender, que aquellos niños que han sido "enseñados a moverse".

En este sentido, no pasa nada por tumbar al bebé semisentado durante el trayecto en el coche o en algunos momentos del día, como en la comida, pero debemos evitar ponerle sentado cuando va a jugar, está en la cuna o en otros momentos si todavía no ha adquirido por sí mismo esta postura (lo mismo ocurre con el gateo, o los primeros pasos de pie; pero esto lo trataré en otros post que no te puedes perder apuntándote a la RSS del blog).

Puede que os sorprenda, o no, la forma que tienen los bebés de desarrollarse a nivel psicomotor, pero me gustaría terminar reconociendo que existe mucha presión en la actualidad de alcanzar cuanto antes los objetivos de la infancia. Todos estamos acostumbrados a escuchar a muchas personas sobre lo rápido que ha llegado o llegó su bebé a sentarse, a andar..., sin apenas darle importancia sobre cómo ha llegado y la calidad de su movimiento.
Esta sensación de competición tiene que disminuir en cada uno de nosotros para dar cabida al disfrute de los logros que nos muestran los peques desde el primer momento que llegan al mundo.

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