Aquí podrás encontrar artículos relacionados con la Estimulación Temprana y el desarrollo neurológico infantil. Sobre la importancia de que el desarrollo sea el adecuado y cómo podemos, a través de la Estimulación, ayudar al niño para que así sea. Cualquier déficit en el desarrollo es susceptible de acarrear desórdenes de atención, relación y comportamiento.

Una vez que surgen este tipo de problemas será necesaria una estimulación más que "temprana", de tipo terapéutico. También podrás leer sobre este tipo de estimulación en este blog. La encontrarás bajo el término de "organización neurológica".

martes, 26 de mayo de 2015

NEUROEDUCACIÓN, ¿CÓMO APRENDEMOS?

La Neuroeducación es el resultado dentro del campo del aprendizaje de los enormes avances en el estudio del funcionamiento del cerebro, y pone patas arriba nuestros modelos educativos porque son “anti-aprendizaje”.  No es extraño que haya tanto fracaso escolar.

NeuroeducacionEn el estudio de Cristina Sáez, “Neuroeducación: Educar con Cerebro” se dice que

“La Neuroeducación formaría parte de un movimiento internacional de científicos y educadores que pretenden aplicar en la escuela los descubrimientos sobre el cerebro, con el propósito de ayudar a aprender y enseñar mejor.”
Francisco Mora, doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, publicó en 2013 Neuroeducación, del que se dice que es un libro que destruye mitos y crea las bases para entender mejor los complejos procesos de aprendizaje desde los mecanismos cerebrales.
Mora rastrea los ingredientes de la educación, analizándolos por separado, pero hay uno que resulta esencial en el proceso de aprendizaje: “La emoción, sin duda. Sólo se puede aprender aquello que se ama, aquello que te dice algo nuevo, que significa algo, que sobresale del entorno. Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”.
“El binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro”
En el artículo “Aprender y memorizar moldea nuestro cerebro“, Francisco Mora explica la `biología del aprendizaje¨.
– ¿Qué parte del cerebro registra el proceso educativo?

– Sin duda, la corteza cerebral. Y en ella de modo destacado la corteza prefrontal, la parte más anterior del cerebro.
– ¿Podríamos hablar en estos momentos de biología de la educación?
– Sí, claramente, porque la educación se refleja en cambios moleculares y neuronales en el interior del cerebro. Y eso también es biología.
Expresamente además ya se refleja así en artículos publicados en revistas científicas del prestigio de Science.
– Hablemos entonces de evolución. ¿Nos “enseña” algo nuestro pasado a la hora de comprender los procesos de aprendizaje en el laberinto cerebral?
– Nos enseña que este es un proceso tan básico para la supervivencia del individuo como lo puede ser beber, comer o la sexualidad. Aprender y memorizar constantemente es vital para todo ser vivo. Sin todo eso se muere muy pronto. Y muchas más cosas que se refieren a los códigos que traemos en nuestros cerebros construidos a través de la evolución y que se reproducen durante el proceso ontogénico de cada ser humano.
– Usted llega a definir el cerebro como un “plástico” que se transforma a lo largo de todo el arco vital…
– Sí, en su sentido original etimológico griego de “modelar” o cambiar de forma. La neurociencia tiene ya evidencias sólidas de que el cerebro cambia a todo lo largo del arco vital humano y que de hecho aprender y memorizar es en su esencia un instrumento con el que cada uno modela constantemente su cerebro: recambio y sinapsis nuevas, otras neuronas, receptores de neurotransmisores que aumentan o se pierden y una larga lista de procesos neurobiológicos.
Viene muy a cuento la frase de Ramón y Cajal en la que señalaba que cada hombre es el escultor de su cerebro. Al mencionar lo del arco vital hay que recordar que no es lo mismo la plasticidad del niño de tres años que la plasticidad de una persona de ochenta.   
Mora también derriba “neuromitos”, como la idea que se tiene que antes de los tres años es muy bueno “inundar” a los niños de conocimientos para que así sean más listos,
“Lo que se ignora – sentencia – es que en esos primeros años no se aprenden conceptos abstractos sino que se adquiere un mundo sensorial y motor a través de ese maravilloso instrumento inventado por la naturaleza que se llama juego”
En el artículo “Sin Emociones no puede haber atención, aprendizaje ni memoria” se destaca algo muy importante de los hallazgos de este científico: se ha perdido la alegría del aprendizaje, la sorpresa.
“Los niños hoy aprenden, desde muy pronto, conceptos abstractos en habitaciones con ventanales sin mucha luz o luz artificial, con el rigor y la seriedad de maestros que se aleja de aquel “juego” primitivo que generaba aprender y memorizar de lo sensorial directo, “con alegría”, base de la atención y el despertar de la curiosidad”.
“La atención, ventana del conocimiento, despierta cuando hay algo nuevo en el entorno. Ese ‘algo nuevo’ apela, como hace millones de años, a la supervivencia como último significado … La atención nace de algo que puede significar recompensa (placer) o castigo (peligro) y que por tanto tiene que ver con nuestra propia vida … Pero con el devenir evolutivo y la propia civilización, aprender y memorizar son mecanismos que los hemos llevado a unos niveles tan abstractos y de tan alto calado social que escapan y se han venido alejando de las raíces inviolables, genéticas y evolutivas, de aquella alegría que en su origen significó verdaderamente aprender y memorizar”.
Muy bueno el artículo de Cristina Sáez, “Neuroeducación: Educar con Cerebro“, donde afirma que ésta es la era de la neuroeducación.
Sáez incorpora el trabajo de diferentes científicos que han trabajado en este campo, Francisco Mora entre ellos.
Es interesante el concepto de “ventanas” que defiende la Neuroeducación.  Mora lo define como “periodos críticos en los que un aprendizaje se ve más favorecido que otro”.
Así, por ejemplo, para aprender a hablar la “ventana” se abre al nacer y se cierra a los siete años, aproximadamente. Eso no quiere decir que pasada esa edad el niño no pueda adquirir el lenguaje, porque gracias  a la plasticidad del cerebro, lo conseguirá aunque le cueste mucho más, pero, asegura Mora, nunca adquirirá el dominio de la lengua que tiene un niño que aprendió a hablar de los 0 a los 3 años.
El hallazgo de la existencia de periodos de aprendizaje hace que las escuelas deban replantearse el modelo educativo.
Para David Bueno, “hasta los 10 o 12 años, el cerebro tiene una ventana específica para aprender aptitudes, para manejar información, para razonar. Tal vez esa etapa sea el momento de potenciar la comprensión de un texto; que aprendan a razonar de forma matemática, en lugar de memorizar mucho contenido.  En definitiva, trabajar aquellas habilidades que después conformarán un cerebro con ganas de aprender cosas nuevas”.
En algunos casos, el sistema educativo actual choca contra esas “ventanas” cerebrales. Por ejemplo, cuando los niños son muy pequeños, tenerlos sentados en una clase, quietos, “sabemos que influye negativamente en su cerebro”, alerta Jaime Romano.
… En los actuales programas de educación, la forma en que se intenta enseñar a los adolescentes está totalmente en contra de los códigos del cerebro. A esta edad comienza la enseñanza de materias como Biología, Química, Física, que deben aprender de manera racional.  Sin embargo, el cerebro de los adolescentes es plenamente emocional…
…También habría que considerar los horarios. Al entrar en la adolescencia, el cerebro retrasa la hora de ir a dormir y también de despertarse. En contraposición, en esa etapa muchos centros educativos adelantan la hora de entrada de los chicos. “Se deberían adaptar los ritmos escolares a los biológicos”, destaca Bueno. Tampoco es necesario que estén tantas horas en clase. Si fueran más vivenciales, afirman los expertos, podría impartirse más conocimiento en menos tiempo.
… “Muchas veces formamos a las personas para que sean grandes profesionales, pero nos olvidamos de que antes tienen que ser personas. Y eso también quiere decir aprender a disfrutar de su tiempo libre”, considera David Bueno.  Sabemos que no hay cerebro cognitivo que no haya sido filtrado por el cerebro emocional. 
El artículo “Neuroeducación: estrategias basadas en el funcionamiento del cerebro“, ofrece ocho estrategias fundamentales basadas en el funcionamiento del cerebro y que se consideran imprescindibles en la práctica educativa.  Se aportan sugerencias prácticas y se ha seleccionado un artículo de investigación relevante en cada una de estas estrategias.  Estas ocho estrategias son:

1.     Nuestro cerebro cambia y es único
2.     Las emociones sí importan
3.     La novedad alimenta la atención
4.     El ejercicio físico mejora el aprendizaje
5.     La práctica continua permite progresar
6.     El juego nos abre las puertas del mundo
7.     El arte mejora el cerebro
8.     Somos seres sociales
Y a modo de conclusión final se destaca lo siguiente,
…hemos de erradicar la enseñanza centrada en la transmisión de una serie de conceptos abstractos y descontextualizados que no tienen ninguna aplicación práctica. Nuestros alumnos han de aprender a aprender y la escuela ha de facilitar la adquisición de una serie de habilidades útiles que permitan resolver los problemas que nos plantee la vida cotidiana: un aprendizaje para la vida. Y para ello se requiere inteligencia principalmente socioemocional.
Y la Neuroeducación ha llevado a la Neurodidáctica.


Es apasionante el mundo de la Neuroeducación y así me sumo a la afirmación de Fernando Mora,
“Los profesores tienen que ser la joya de la corona de un país, porque sobre sus espaldas recae una enorme responsabilidad. Tienen que estar muy formados y conseguir que los niños se sientan realmente entusiasmados por lo que aprenden. Porque esa es la base para crear no solo ciudadanos cultos, sino también honestos y libres”.

jueves, 21 de mayo de 2015

DESARROLLO INFANTIL, LOS PRIMEROS AÑOS PARA TODA LA VIDA

Desarrollo Infantil
PUBLICADO EN "ERESDECASTRO.COM"

Cuando pensamos en el “desarrollo infantil”, tendemos a visualizar el crecimiento del niño… el crecimiento de su cuerpo, sano y fuerte. Pero la realidad es que implica mucho más. El desarrollo infantil hace referencia muy especialmente al crecimiento y maduración de una parte del cuerpo: el cerebro.
Esta parte también crece físicamente. Esto podemos observarlo claramente durante los primeros años de vida, en los que el perímetro craneal del niño aumenta visiblemente desde el nacimiento hasta los seis años. A esta edad el cerebro del niño pesa ya el 90% del peso del cerebro adulto.
Es el desarrollo y crecimiento del cerebro el que determinará sus destrezas y habilidades y es el desarrollo al que debemos dedicarle nuestra atención una vez que el cuerpo está atendido.
Realmente requiere atención porque el desarrollo del cerebro no se produce por una orden dada por la naturaleza, no sucede porque esté programado para desarrollarse. El cerebro solamente crece y se fortalece si se utiliza, igual que ocurre con los músculos.
El cerebro del bebé nace con una cantidad inmensa de células cerebrales, las neuronas, esperando comunicarse entre sí y formar una intrincada red de conexiones entre unas y otras.
Las neuronas solamente formarán circuitos y redes neuronales si son activadas. Y esto se logra con los estímulos que recibe el niño, con la actividad de su propio cuerpo y con todas las experiencias que viva. Las neuronas y los circuitos que no se utilicen lo suficiente, morirán y no podrán recuperarse. Suele decirse que nuestro cerebro se rige por un principio: “úsalo o piérdelo para siempre”.
El desarrollo del niño comienza en el preciso momento de la concepción y no termina hasta pasada la adolescencia y la llegada a la adultez. Sin embargo, existe un período en el que el crecimiento y la maduración cerebrales se producen con una intensidad y a un ritmo vertiginoso no comparable con ningún otro momento de la vida. Este período que nos interesa especialmente está comprendido entre la gestación y la llegada del niño a la escuela primaria, momento en el cual debe contar éste con las herramientas neurológicas que le permitan tener éxito en el aprendizaje escolar. Debe haber creado un buen entramado de conexiones y circuitos neuronales por los que pueda viajar rápida y eficazmente la mayor cantidad de información posible. Esto le proporcionará la capacidad de funcionar fácil y eficazmente en la escuela y en su relación con los demás.
A los seis años, el niño ha completado la fase en la cual su cerebro es más plástico y se producen más conexiones neuronales. Cuenta ya con las destrezas humanas básicas que necesitará a lo largo de toda su vida y su cerebro ha creado ya la mayor parte de circuitos o redes neuronales que utilizará en un futuro (recordemos que ya pesa el 90 % del peso total de un cerebro adulto, lo que quiere decir que cuenta ya casi con la totalidad de su estructura final).
A partir de esta edad funcionará usando de diferentes maneras los circuitos neurológicos con los que cuenta, los que ha creado ya. Es por este motivo que el período comprendido entre la concepción y los seis años es vital y determina todo el desarrollo posterior.
Podemos los padres y adultos que convivimos con los niños pequeños, fomentar un buen desarrollo ofreciendo al niño estímulos adecuados y experiencias enriquecedoras. Permitiéndole experimentar con su cuerpo y con todo lo que le rodea.
La doctora en Neurociencia, María Jesús López Juez, explica la maduración del Sistema Nervioso Central como “el resultado de la interacción entre tres componentes: el propio cerebro del niño, la herencia genética, y el medio ambiente o entorno en el cual se producirá su desarrollo.”
Esto significa que no es suficiente con nacer con un cerebro “inteligente”, sino que se necesitan los estímulos que llegan del entorno para que esa inteligencia se manifieste. El doctor Francisco Kovacs dice que “más importante que el número total de neuronas que existen en el cerebro es el número de conexiones que las interrelacionan.” Y es de esto de lo que trata principalmente el desarrollo: de la creación de conexiones neuronales que a través de la repetición darán lugar a los circuitos neuronales necesarios para la ejecución de todas las funciones cerebrales.
El desarrollo no es un proceso que resulta del azar, tampoco depende totalmente de un programa biológico establecido. El desarrollo se produce gracias a la combinación de lo aportado por la genética, de la programación cerebral dada por la naturaleza y de la actuación del entorno en el que vive el niño.
Por esto es de vital importancia que cuidemos lo que rodea al niño en sus primeros seis años de vida. Que tengamos en cuenta que todas sus experiencias sentarán las bases de su forma de ser y de funcionar en el futuro.
Rosina Uriarte.

"MANUAL DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA. ESOS PRECIOSOS PRIMEROS AÑOS"
 por Rosina Uriarte Álvarez

miércoles, 20 de mayo de 2015

SENA, SISTEMA DE ESTIMULACIÓN NEURO-AUDITIVA

SENA, SISTEMA DE ESTIMULACIÓN NEURO-AUDITIVA




Publicado en: http://senasystem.com/sena


     Cada vez es mayor el número de estudios publicados en prensa científica que relacionan la audición con diferentes situaciones clínicas en el campo de la psicología o psiquiatría (depresión, ansiedad, esquizofrenia, alzheimer o parkinson) y educativas (problemas de lenguaje, lecto-escritura, dislexia, déficit de atención e hiperactividad) entre otras.

     Desde un punto de vista estrictamente médico o audiológico, la audición de una persona se mide con una audiometría tonal (umbral inferior). Si todos los valores obtenidos en la exploración se sitúan entre 0 y 30 dB, consideraremos la audición normal.

     Desde esta perspectiva, se valora sólo la agudeza auditiva, clasificando el resultado como audición normal, pérdida leve o moderada, pérdida severa o pérdida auditiva profunda.

     A pesar de la importancia de los datos que pueda ofrecer esta exploración, no podemos garantizar que una persona normoyente (con una audición considerada normal) tenga una correcta capacidad de discriminación auditiva y una correcta atención selectiva.

     Estos dos requisitos son indispensables para la correcta adquisición del lenguaje, el desarrollo de la lecto-escritura, del oído musical, del aprendizaje de lenguas extranjeras y la capacidad de atención necesaria para la adaptación correcta al entorno académico.

     SENA(R) surge de la idea de que la evaluación auditiva debe ir un paso más allá y ser, además, cualitativa. Así, los umbrales de sensibilidad en una persona normoyente o con una pérdida moderada o leve pueden modificarse para obtener una mejora en la capacidad de discriminación auditiva y la velocidad de procesamiento de la información.

     SENA(R) es un sistema basado en un software que mejora la calidad auditiva de las personas y como resultado permite cambiar la forma de percibir el entorno sonoro. En SENA(R) tratamos la audición desde otra perspectiva, desde la respuesta neurosensorial al estímulo sonoro.

jueves, 14 de mayo de 2015

TDA-H: ¿LA SOLUCIÓN ES UNA PASTILLA O UN ABORDAJE MULTIDISCIPLINAR?

 Dra. MAR FERRÉ RODRÍGUEZ

 

 TDA-H: ¿LA SOLUCIÓN ES UNA PASTILLA O UN ABORDAJE MULTIDISCIPLINAR?

De forma periódica, se reabre el debate en torno a si a solución de los problemas de TDA-H que presenta un niño se resuelven o no con medicación.
Desgraciadamente, estas posiciones enfrentadas entre partidarios y detractores de la medicación, en ocasiones, acaban en insultos y descalificaciones como las que ha sufrido el Dr. Jorge. L. Tizón, acreditado psiquiatra, psicólogo y neurólogo, galardonado con numerosos premios por su labor en el ámbito sanitario y de la investigación, uno de ellos el de excelencia profesional, que le concedió el COMB (Colegio Oficial de Médicos de Barcelona) en 2010.

El Dr. Tizón participó en el mes de Marzo de 2015 en el programa Retrats, dirigido por Jaume Barberá, en el Canal 33 de la TV catalana y el título del programa era “EMPASTILLATS”, traducido al castellano “empastillados” y se mostraba claramente en contra de la medicación.

Sorprende este nivel de agresividad, que se traduce en algunos de los comentarios que han aparecido en las redes sociales, incluso por parte de padres que han decidido dar a sus hijos medicación (lo cual es muy respetable, como lo es también la postura contraria), pero sorprende especialmente en un momento en que una gran parte de la sociedad está en contra de diferentes formas de radicalismo ideológico.

Son de dominio público las cifras millonarias que manejan las industrias farmacéuticas, pero, al mismo tiempo, hemos de tener en cuenta que son esas industrias las que financian la investigación, siendo reducidísimas las aportaciones gubernamentales o de particulares.

Peso a ello, siempre hemos respetado, aunque no compartiéramos su criterio ni su prescripción, al profesional que receta una medicación determinada, porque entendemos que está actuando “según su leal saber y entender”, como juramos los médicos en el Juramento Hipocrático. Pero, insisto, ello no quiere decir que estemos de acuerdo ni que nuestra opción terapéutica sea prescribir determinadas medicaciones.

La línea llamemos “oficialista” consideraría el TDA-H un trastorno neurobiológico, basando su diagnóstico fundamentalmente en los criterios del DSM-V (edición de Mayo de 2013). Pero, esta nueva edición no ha supuesto una variación substancial respecto a la anterior, hay algún cambio formal, porque ya no se habla de subtipos, sino de presentaciones, aunque sí hay una variación con respecto al criterio de edad de la aparición de los síntomas, antes era a los 7 años y ahora es a los 12.

Hemos de tener presente que la autoría de este manual de diagnóstico es de la Asociación Americana de Psiquiatría y los criterios que indicaría de cara al diagnóstico diferencial estarían claramente vinculados a trastornos psiquiátricos (ansiedad, trastornos disociativos, de la personalidad, etc.)

El Dr. Jorge Ferré Veciana ha venido defendiendo desde hace muchos años la idea de que el Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H), no es una enfermedad, sino un SÍNDROME, es decir un conjunto de signos y síntomas. Nuestra experiencia en la práctica clínica diaria y los casos tratados a lo largo de todos estos años avalan estos postulados.

En 1999, Editorial Lebon publicó la primera edición del libro “los Trastornos de la Atención y la Hiperactividad. Diagnóstico y tratamiento neurofuncional y causal, del que es autor el Dr. Ferré. A pesar del tiempo transcurrido, considero que sigue siendo plenamente vigente y válidos sus postulados.

En estos años, han cambiado muchas cosas y, los padres, que en definitiva son los que tienen que asumir la decisión de si medicar o no a sus hijos, han tenido acceso a mucha más información en pro y en contra.

Otro de los aspectos que ha cambiado y, en nuestra opinión para peor, es que cada vez se sobrediagnostica más, se realiza el diagnóstico de forma más precoz y también se empieza a medicar mucho antes, incluso hemos visto algún paciente diagnosticado y medicado ya a los 3 años, cuando la Sociedad Americana de Psiquiatría, tal como hemos dicho, hablaría ahora de los 12 años, en lugar de los 7, si bien es cierto que los criterios de la CIE pendiente de revisión (Organización Mundial de la Salud) siguen dando como referencia los 7 años.

Todavía no hay resultados concluyentes a nivel de investigaciones genéticas y, si bien hay líneas de investigación que sugieren un peso importante de la genética en el 75% de los casos, a falta de datos objetivables, entraríamos en la vieja controversia genética versus ambiente.

Muchos profesionales de los que están en contra de la medicación darían mucha más importancia a los factores caracteriológicos, conductuales e incluso educativos, pero muchos menos contemplan los problemas de organización neurofuncional, de lateralidad, etc. como posibles causas.

Hemos visitado muchos niños diagnosticados de TDA-H idiopático, es decir, de causa desconocida y, tras historiar el caso detenidamente y explorar al niño, hemos comprobado que había elementos suficientes como para justificar esas dificultades de atención, por tanto, no podíamos hablar de un TDA-H primario, sino secundario a unas causas evidentes. Desde nuestro punto de vista, la clave estaría en poder establecer UN DIAGNÓSTICO CAUSAL.

En algunos pacientes que presentan dificultades de atención (con o sin hiperactividad), hemos encontrado elementos comunes y recurrentes, que se repiten en muchas historias. Citaremos sólo algunos de los más representativos: En un porcentaje muy importante, encontramos problemas de organización neuro-senso-psicomotriz, problemas visuales, reflejos retenidos, intolerancias alimentarias en mayor proporción que el resto de la población, frecuentemente antecedentes de bronquitis y dermatitis en la primera infancia, presencia de tóxicos, como plomo, mercurio, etc. que se evidencian mediante análisis específicos, etc. En cuanto a este último punto, no sería riguroso tomar estos datos como concluyentes respecto al resto de la población infantil, puesto que no contamos con datos comparativos de referencia en niños no afectados de TDA-H.

En un segundo programa de “Retrats”, también en Marzo de 2015, dos profesionales debatían sobre los pilares del abordaje del TDAH. Se hablaba de tres pilares, a los que cabría añadir, en nuestra opinión, un cuarto pilar, que permitiría dar estabilidad a la estructura. Este pilar fundamental es el DIAGNÓSTICO y TRATAMIENTO CAUSAL de este síndrome tal y como hemos mencionado.
Entre los profesionales que consideramos que una pastilla no es necesariamente la solución de todos los problemas (entre los que nos encontramos no sólo médicos, sino también muchos maestros, psicólogos, pedagogos, logopedas, optometristas, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, osteópatas, terapeutas audiopsicofonológicos y por supuesto la inmensa mayoría de homeópatas y especialistas en dietética, nutrición y medicina biológica, etc) también corremos el peligro de considerar que lo que nosotros podemos aportar, ya sea desde el campo de la medicina, la psicología, la optometría, etc, etc, es la única solución para el problema, esto sería minimizar el abordaje, que consideramos que es complejo y ha de ser GLOBAL.

Lamentablemente, muchas veces no es tan sencillo, ojalá lo fuera, porque sería más simple y fácil la resolución de todos los problemas de los niños. De ahí que, tanto el Dr. Ferré como yo, nos hayamos mostrado siempre abiertos a la colaboración con profesionales de otras disciplinas, porque entendemos que en situaciones complejas y en las que pueden intervenir tantos factores el ABORDAJE MUSTIDISCIPLINAR ES IMPRESCINDIBLE.

Pero, al mismo tiempo, consideramos también IMPRESCINDIBLE ESTABLECER CUÁLES SON LAS PRIORIDADES a la hora de prescribir un programa terapéutico y actuar siguiendo este esquema para no saturar ni al niño ni a sus familias.

Consideramos que parte del éxito o de la aceptación más o menos resignada por parte de los padres de dar a sus hijos una medicación radica en que es una solución fácil y barata, no requiere esfuerzo, trabajo suplementario, desplazamientos ni gastos añadidos.

Henri Wallon decía que “el trabajo del niño es el juego”. Nuestros niños tienen poco tiempo para jugar, especialmente en ámbitos urbanos, en los que por cierto los casos de TDA-H son significativamente superiores a los del medio rural, los niños están saturados de deberes y, si además tienen que realizar un programa de terapia, el tiempo de juego es prácticamente inexistente.

El Dr. Ferré siempre ha insistido en que el niño, a diferencia del adulto, “no puede coger la baja”, se ve obligado a simultanear las exigencias de su curso escolar (muchas veces inasumibles para los niños que presentan dificultades), los deberes, que a menudo son más de los que llevan a casa el resto de sus compañeros, y la terapia.

Esto sitúa a los padres en la disyuntiva de decidir entre hacer los deberes o los ejercicios que ha prescrito el profesional que atiende a su hijo, sin entender que, si sus problemas son funcionales, va a ser bastante infructuoso el esfuerzo que tanto el niño como ellos están realizando.

Por todo ello, insistimos en la necesidad de compartir criterios, de considerar las aportaciones de otros profesionales, en no pretender mantener a ultranza “nuestra pequeña parcela de poder”, en diseñar un proyecto terapéutico que contemple todos los posibles elementos implicados, pero ESTABLECIENDO PRIORIDADES, que pueden variar en cada caso, porque cada niño es diferente y sus circunstancias también.

Dra. Mar Ferré Rodríguez
Rosselló, 283 Bis, Esc. Izq. - 1º 1ª 08037 BARCELONA 93- 8102776
Espalter 20 , 1º 08870 SITGES 93- 8102776

jueves, 7 de mayo de 2015

EL MOVIMIENTO DEL NIÑO

EL MOVIMIENTO DEL NIÑO


Sonia Kliass
Publicado en la Revista de la
Distribuido por Pikler-Lóczy Euskal Herriko elkartea por cortesía de la Revista y de la autora.


Podemos observar como en un principio el niño que acaba de nacer no se siente en equilibrio aún que esté tumbado en su cuna, por eso algunas veces presenta movimientos  reflejos de pérdida del equilibrio.
Pero los niños traen con ellos también un guión interno que les ayuda a recorrer este camino de permanente pérdida y conquista del equilibrio. El impulso que les hace crecer y desarrollarse en su motricidad es tan claro y preciso que en realidad no necesitan la intervención directa del adulto en este proceso, no necesitan que les ayudemos, ni estimulemos, ni enseñemos como hacerlo. Necesitan libertad de movimiento dentro de un marco seguro y que el adulto le acompañe con una actitud atenta, respetuosa y llena de confianza en sus capacidades. Necesitan también tiempo, espacio y un entorno adecuado. La médico Emmi Pikler y el equipo del Instituto Pikler-Lóczy de Budapest lo han podido comprobar con sus más de sesenta años de registros diarios de más de dos mil niños que han crecido allí, dentro de semejante contexto.
Cada niño tiene un ritmo propio y el margen de diferencia entre unos y otros puede llegar a ser muy grande. Para que el proceso motriz se haga con calidad, es importante que cada niño pueda seguir su ritmo individual sin sentirse presionado desde fuera. Todos los niños, si tienen salud, recorren este camino porque todos llevan dentro las ganas de crecer y desarrollarse.
Pero no todos lo hacen de la misma manera ni en el mismo ritmo. En este sentido las tablas de desarrollo del Instituto Pikler nos ayudan a saber que, por ejemplo, algunos niños ya son capaces de girar boca abajo a los cuatro meses, otros a los cinco, seis, siete u ocho meses dentro de una total normalidad. O que hay niños que empiezan a sentarse solos con ocho meses y otros lo harán muchos meses más tarde.
  
Cuando nace, un niño se encuentra en un medio
muy distinto del medio donde estaba antes: pasa de
un medio acuático a la experiencia de la tierra con
la fuerza de la gravedad. Este hecho le supone un
gran reto: el mantenerse en equilibrio.

O que, por supuesto, ¡no todos los niños tienen que empezar a caminar al año!

Desde esta perspectiva, no es realmente importante cuándo empieza un niño a hacer un movimiento u otro del desarrollo motriz. Lo más importante es como lo hace, o sea, con qué calidad lo realiza. Los niños que van lentos, lo hacen porque lo necesitan. El hecho de ir más rápido no les trae en realidad ningún beneficio. El movimiento es el primer lenguaje del niño. Si hay seguridad, bienestar y fluencia en el movimiento, les damos mejor base para el futuro aprendizaje del hablar y pensar. Si el niño acumula, dentro de sí, experiencias de que puede confiar en sus propios recursos, esta confianza quedará registrada en su organismo para siempre.

Muchas veces damos demasiada importancia a momentos concretos del proceso, queremos saber si ya se giran, gatean, sientan o caminan y nos olvidamos que para hacer este movimiento han tenido que hacer muchos otros que no vemos para prepararse. Todos los pequeños pasos que hacen son importantes porque desarrollan unas cualidades y unas habilidades que les prepara para el próximo paso. Si cogemos el hábito de observar qué hacen los niños por ellos mismos veremos qué gran
inteligencia hay detrás del proceso motriz. La dificultad muchas veces es hacer este cambio de mirada y empezar a ver qué hacen en vez de qué no hacen.
A partir de la postura tumbado boca abajo, los niños se aventuran a descubrir qué pasa si abandonan esta posición segura y conocida para girarse de lado y después boca abajo. Luego les toca otro paso difícil e importante que es volver a la posición boca arriba. Aprender a volver es importante porque les da la posibilidad de poder descansar de la postura. Mantener la postura boca abajo puede llegar a ser muy cansado para un niño en un principio. Lo mismo pasa cuando se sientan por ellos mismos: saben el camino para sentarse y también saben el camino para volver a tumbarse en el suelo. Esto les permite poder descansar de la posición, tienen autonomía y pueden realizar todos los cambios que necesitan sintiéndose cómodos y seguros. Esto les da bienestar a su organismo y posibilita que su actividad pueda durar más tiempo. Cuándo un niño aún no puede sentarse y el adulto lo pone en posición sentada, aún que se aguante bien en la posición, no tiene autonomía, no domina la situación, saber cómo salir y necesita la ayuda del adulto. Esto hace que su actividad dure poco, hasta que esté cansado y se vea obligado a pedir ayuda. Este hecho nos hace pensar hasta qué punto la libertad y la autonomía de movimiento pueden tener un impacto positivo en la relación del niño con el adulto. Cuando un adulto permite que un niño se mueva a su aire, tiene la oportunidad de ver con qué voluntad despliega sus capacidades y cómo disfruta de sus pequeños logros, lo observa y crea una imagen de niño autónomo y capaz, desarrolla una gran confianza en el niño y se siente él también más seguro y satisfecho.

A partir de los dos y medio o tres meses, podemos empezar a ofrecer al niño un espacio de juego que sea seguro cálido y firme, como puede ser un parque con suelo de madera protegido con barrotes, donde pueda hacer sus experimentos. Tenemos que tener en cuenta que no se trata de un parque de los que vemos en las tiendas normalmente: un niño que ya se desplaza arrastrándose, dando vueltas o gateando necesita un espacio de 4 m2. También es importante que lleve ropa cómoda que no impida sus movimientos y que tenga retos interesantes adecuados a su
etapa motriz como puede ser cajas de madera para subirse encima o entrar dentro, etc. El parque puede durar hasta que veamos que el niño tiene ya necesidad de más amplitud, cuando ya gatea mucho o cuando empiece a caminar.

Pero está claro que el desarrollo motriz no se acaba con el caminar. Después de caminar se ponen a correr, y luego quieren saltar, trepar y hacer equilibrios. El movimiento tendrá un gran protagonismo en toda la etapa de jardín de infancia, hasta los seis o siete años. Las mismas pautas de ofrecer tiempo, espacio, materiales y retos interesantes para jugar y experimentar con el movimiento favorecerán un buen desarrollo de su motricidad durante todo el primer septenio. La tendencia general es pedir a los niños que estén quietos y parados desde muy pequeños pero es muy necesario que los adultos empiecen a conocer la importancia que tiene el dejar que se muevan los niños para su desarrollo global.

martes, 21 de abril de 2015

JORNADA "DESARROLLO Y APRENDIZAJE INFANTIL - NUEVOS ENFOQUES TERAPÉUTICOS" .

Organizada por Laztana para el día 20 de junio, en Barakaldo.


Contaremos con tres importantes ponentes del mundo de la visión, la audición y el desarrollo motriz.

 Estos ponentes expondrán la incidencia de estas áreas en el desarrollo infantil y cómo trabajarlas cuando surgen dificultades en el funcionamiento o aprendizaje del niño.


También contaremos con un rato para hablar de Laztana, de nuestros objetivos y de las características de nuestra asociación.





jueves, 9 de abril de 2015

SIN EMOCIONES NO PUEDE HABER ATENCIÓN, APRENDIZAJE NI MEMORIA.

Francisco Mora (Granada, 1945), doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, ha publicado Neuroeducación (Alianza), un volumen con el que pretende desarrollar “las preguntas centrales que son de interés y preocupación en el mundo de la enseñanza a cualquier nivel y ayudar a desentrañar las claves de cómo contestarlas a la luz de los conocimientos mas recientes de la neurociencia cognitiva”.
La alegría como base del aprendizaje
El científico señala que “los niños hoy aprenden, desde muy pronto, conceptos abstractos en habitaciones con ventanales sin mucha luz o luz artificial, con el rigor y la seriedad de maestros que se aleja de aquel “juego” primitivo que generaba aprender y memorizar de lo sensorial directo, “con alegría”, base de la atención y el despertar de la curiosidad”.
Entender esto hoy en su raíz y desde la perspectiva de cómo funciona el cerebro y sacar ventaja de ello –afirma– “es un primer principio básico de la enseñanza con el que se puede llegar a aprender y memorizar mejor. estos principios se pueden extender en su aplicación no solo a la enseñanza básica o durante la adolescencia sino a los más altos estudios universitarios o a estudios aplicados sea la empresa o la investigación científica”.
“La atención, ventana del conocimiento, despierta cuando hay algo nuevo en el entorno. Ese ‘algo nuevo’ apela, como hace millones de años, a la supervivencia como último significado” –añade–. “La atención nace de algo que puede significar recompensa (placer) o castigo (peligro) y que por tanto tiene que ver con nuestra propia vida”. “Pero con el devenir evolutivo y la propia civilización –advierte Mora–, aprender y memorizar son mecanismos que los hemos llevado a unos niveles tan abstractos y de tan alto calado social que escapan y se han venido alejando de las raíces inviolables, genéticas y evolutivas, de aquella alegría que en su origen significó verdaderamente aprender y memorizar”.
 Conocer cómo funciona el cerebro revitalizaría la enseñanza
A su juicio, revitalizar hoy la enseñanza y el aprendizaje en este nuevo contexto de una cultura avanzada, “requiere un conocimiento de cómo funciona el cerebro en esos procesos y llevarlo a los maestros y los profesores para que estos finalmente lo apliquen en las aulas”. Asegura que “de esto se han dado cuenta muy recientemente prestigiosos pensadores e instituciones como el recién creado Centro de Neurociencia para la Educación de la Universidad de Cambridge o la International Mind-Brain and Education Society a través de su revista Mind, Brain and Education“. No obstante asegura que “es bien cierto que, hasta ahora, el conocimiento extraído de las neurociencias no ha sido fácil mostrarlo a los maestros y ellos transferirlo como método a la enseñanza de los niños o los estudiantes de instituto”.
Reconoce que “existen problemas en la relación neurocientífico-maestro (y mas allá profesores universitarios) sobre todo en el lenguaje utilizado por los primeros para dirigirse a los segundos en la transferencia de estos conocimientos. y en los segundos, los maestros, para captar, con certeza y seguridad esos conocimientos a la hora de emplearlos con los alumnos”.
Mora, utilizando un lenguaje sencillo, conciso y asequible pretende “desarrollar las contestaciones a las preguntas básicas y los componentes esenciales del problema que representa el advenimiento de la neurociencia para la educación y enumerar y describir brevemente las soluciones y ventajas de estas nuevas concepciones”.
http://biotmr.com/2014/04/15/la-neurociencia-demuestra-que-el-elemento-esencial-en-el-aprendizaje-es-la-emocion/